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El hombre del campo sigue hoy preso de los factores que escapan a su control: el clima, los virajes políticos, el suministro de agua, las plagas, los altibajos del mercado, siguen siendo sus principales preocupaciones, igual que hace décadas, pero a pesar de los inconvenientes, agricultores como Félix Garre defienden “esta vida sacrificada pero digna”. “Te hace creador de algo; coges un terreno baldío y lo haces fértil”, afirma el responsable de COAG en Torre Pacheco. Para él, “esta sensación de libertad no te la da otra profesión”. Sus padres le dejaron tierras a la sombra del Cabezo Gordo que él ha ampliado y mejorado, pero le preocupa que, como a muchos otros agricultores, no le llegue el relevo generacional. “Mis hijos no quieren las tierras, la gente joven abandona el campo porque ya no es tan rentable, por miedo a meterse en inversiones, la incertidumbre del agua”, indica Garre. Asegura que “ya empezamos a notar que no hay relevo, y en 5 años se verá la falta de profesionales”. Ya se aprecia la reducción de agricultores en las cooperativas y en los cursos de formación, a pesar de que las noticias del sector anuncian aumentos anuales de la producción y facturación. También hay ventajas: “Con la lucha integrada hemos bajado costes y hemos ganado competitividad”, señala el agricultor, quien reconoce que “ese esfuerzo nos ha hecho ganar cuota de mercado en Europa incluso frente a Almería”. Según Garre, “el 98% de los invernaderos de la zona producen sus cosechas ya con lucha integrada”. Los agricultores del campo de Cartagena, juegan con la ventaja además de contar con más horas de luz que en cualquier otro enclave, lo que favorece la actividad de los insectos para la lucha biológica de las plagas. La lucha de los precios sigue sin embargo marcada por las campañas en Holanda y Almería, aunque no son los únicos mercados que les preocupan: Otras zonas de producción, como Turquía o Marruecos, “con menos costes por mano de obra y que producen cada vez con más calidad aunque sin tantos controles como nosotros, generan cosechas que se solapan con las nuestras”, señala Garre. Una de las bazas para mantener el prestigio del pimiento del Campo de Cartagena es que el Ministerio de Agricultura tramite la certificación de origen del producto para distinguirlo de los de Almería y desvincularlo así de las partidas con residuos químicos que en ocasiones han alarmado a los consumidores europeos.
“Con el agua, menos rogativas y más reuniones”
Félix Garre apuesta en el tema del agua “por menos rogativas y más reuniones con los responsables del Ministerio de Medio Ambiente”. Destaca que “hay 8.000 regantes en el Campo de Cartagena, donde funcionan cultivos intensivos y forzados, que necesitan agua en cantidad y de gran calidad”. No se desperdicia ni una gota: “Se riega con ordenadores, a través de un programa informático que calcula las necesidades para que no se evapore el agua, para que no drene”, afirma. Asegura que “subsistimos gracias a los acuíferos y mantenemos los cultivos de invernadero gracias a las numerosas desalobradoras privadas”. Para los agricultores, “la desaladora de El Mojón es un grano de arena en el desierto”. La incertidumbre del agua les ha hecho “no ampliar ni un metro de invernadero en los últimos 6 años; sólo mejoramos lo que tenemos”.
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