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 COLABORADOR: JAVIER VALERA
 26/04/2005
 Los Alcázares
Los Alcázares, se emplaza en el centro de “una laguna costera” lo que le confiere, desde el punto de vista urbano –no olvidemos que Los Alcázares, con 15.392 habitantes en 2005, es una ciudad- una situación central, que la convierte en punto de especial referencia viaria, de singular importancia para su futuro desarrollo económico. Pero Los Alcázares ha pasado, desde la óptica de la ciencia geográfica por una serie de momentos históricos que han dejado huella en su “epidermis” territorial. Tan solo quiero reflejar este hecho como punto de partida de la evolución de los paisajes alcazareños, evolución que tiene a esa “epidermis” como asiento de hechos geográficos. Los usos del suelo evolucionan porque el espacio es dinámico y, por lo tanto, las relaciones, las interferencias de áreas de influencia urbanas, los intereses de las administraciones y un largo etcétera, van diseñando un territorio vivo, que hace que las imágenes captadas hace décadas, apenas se reconozcan. La imagen del paseo de Los Alcázares, cuando aún estaban los pequeños balnearios a pie de playa, nos remonta a las tradiciones que el pueblo ha sabido conservar, y que mi madre me ha recordado al decirme: “Nos bañábamos en el balneario de La Encarnación, nos cambiábamos en casetas de madera con escaleras que había que bajar desde dentro”. Los Alcázares ha experimentado una importante modificación paisajística. Muchas han sido las causas a lo largo del tiempo, pero no cabe duda de que la independencia municipal de 1983 propició nuevas actuaciones que produjeron en los años siguientes un salto cualitativo en la ordenación de su territorio. Si echamos la vista atrás, comprobaremos que el emplazamiento de Los Alcázares se remonta a época romana, pero si vemos el hoy, comprobamos que se ha convertido en ciudad, que ha potenciado los servicios, que se ha extendido con Los Narejos gracias a nuevas infraestructuras viarias, que se ha convertido en centro turístico de primer orden en la Región de Murcia, que ha generado una pequeña conurbación hacia el norte, llegando casi a unirse con el tejido urbano de San Javier y que, en los próximos años, formará parte de la gran región litoral del eje del Mediterráneo español. Si analizamos una fotografía aérea vertical de Los Alcázares podemos estudiar las formas de ocupación del territorio y analizar los procesos de transformación del medio en el tiempo. A partir de 1987, las áreas expansivas del territorio alcazareño se concretan en cinco: • Núcleo de población: primitivo emplazamiento de Los Alcázares que ha crecido hasta 1987 en todo el tramo litoral, generando un núcleo lineal, modelado por un eje viario como es la actual avenida de La Libertad, antigua carretera de Cartagena, y por el paseo marítimo. El núcleo de población ha crecido hacia el interior y hacia el norte conectando con Los Narejos, fomentando un turismo incipiente e iniciando la formación de una pequeña conurbación con San Javier mediante amplias avenidas. La zona costera que fue lugar de importancia pesquera en el conjunto del mar Menor, es hoy un lugar de atracción turística y sus playas son de calidad. • Zona militar: uso del suelo no determinado pero con un gran potencial para nuevos usos. La base aérea podría convertirse en parque temático o ejercer una función cultural y medioambiental. • Uso industrial: a partir de la década de los cincuenta empezaron a observarse transformaciones importantes unidas a la industria y desde los años ochenta se han propiciado nuevas localizaciones industriales. Cabe destacar el polígono industrial como importante factor de localización de industrias de uso y consumo. • Uso agrícola: se ha pasado de un uso agrícola y ganadero de tipo extensivo con poblamiento disperso, a una modernización agrícola impulsada a partir de los setenta con el trasvase Tajo-Segura, y desde los ochenta con la llamada "revolución del plástico". En la actualidad, gran parte del área agrícola pierde suelo a favor de actividades vinculadas al sector servicios, concretamente al turismo (campos de golf). • Nuevos usos: a partir de la década de los 90 hemos asistido a un desarrollo del turismo que ha contribuido a incrementar la industria vinculada a este sector y la de construcción, lo que ha traído como consecuencia un cambio brusco en los usos del suelo y en el paisaje. Este tramo cuenta hoy con una autovía, varias urbanizaciones y nuevas localizaciones de infraestructuras de servicios vinculadas al turismo. ¿Hasta qué punto estos "nuevos usos" producen y producirán impactos en el medio? Estas preguntas solo pueden responderse desde la comprensión del paisaje y la sostenibilidad territorial, que esperemos pueda mantenerse si entendemos que el turismo no es la única prioridad económica; que un área litoral como ésta debe preservar otros sectores de actividad como el agrícola y el industrial, al tiempo que debe buscar la estabilización de la presencia turística en época no estival para que los impactos que el frágil ecosistema que el mar Menor recibe se minimicen, porque debemos evitar el aterramiento y la contaminación del paisaje de nuestro entorno. Un paisaje es un “todo” en el que existen correlaciones, en el que se dan interacciones, pero un paisaje ha de ser comprendido, de ahí que una de las claves que, desde mi punto de vista, tiene el futuro de esta población es que termine estabilizando el municipio por medio de un desarrollo sostenible y que mantenga su idiosincrasia y el acervo cultural tradicional, que potencie el binomio desarrollo-tradición, porque Los Alcázares es un lugar de veraneo tradicional que tiene sus inicios en la propagación de las ideas higienistas de la climoterapia del mar Menor entre los habitantes de la vecina comarca de la Huerta de Murcia. La búsqueda de ese binomio desarrollo-tradición es un objetivo fundamental para Los Alcázares, porque esta ciudad tiene que jugar un importante papel en la atracción de ciudadanos de otros lugares de la región que vienen a sus tradicionales fiestas y a encontrarse con lo más importante, el mar. De siempre la Huerta de Murcia ha estado unida al mar de Los Alcázares. Mi madre recuerda que, con doce años, vino con las alumnas de mi abuela y sus familias en carro a la playa, y que debían de salir muy temprano desde Monteagudo. La huerta se unió al mar, dos comarcas distantes pero muy relacionadas por los movimientos pendulares de población, quedaron ligadas para siempre, movimientos que se dirigían a tomar los baños, a pasar unos días en la playa y a descansar en sus orillas. Hoy todo ha cambiado, aunque se mantienen las tradiciones: la Semana de la Huerta y el Mar, las fiestas de Agosto en honor a la Virgen de la Asunción, la reciente festividad derivada de la independencia municipal, el 13 de octubre, con el ya tradicional día del caldero y los actos institucionales, además del rescatado recuerdo de las invasiones berberiscas. Potenciar las tradiciones en un municipio joven e incipiente, caracterizado por su desarrollo económico, es una manera de que Los Alcázares siga siendo el pueblo que siempre fue, bañado por “una inmensa superficie de agua quieta y bruñida”, como decía Galdós, y la ciudad creciente que ya es una realidad en la que “el aire sigue siendo transparente y cálido, como de tersa seda…”, como se contestaba Azorin al preguntarse por la lejana tierra de Murcia cuando escribía, “desde el Norte”, el capítulo que sobre esta tierra forma parte de su obra El paisaje de España visto por los españoles.

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Tomo 2183. Libro 0. Folio 1. Hoja MU-50416. Inscripción primera.