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El término “medio ambiente” es tema de conversación en diferentes foros y está hoy en boca de políticos y de medios de comunicación, llegando a ser un referente al que se alude siempre que interesa.
Abordar el problema actual de la protección del medio ambiente es un tema complejo dadas las interferencias que se producen sobre el propio término y su uso. Lo que sí es cierto es que existe un deterioro medioambiental, pero cómo ponerle freno al mismo es una cuestión que genera diferentes criterios.
Podemos plantear como posibilidad no compartida por quien escribe este artículo algo así como que, “el fin justifica los medios”, es decir, para poder tener tecnología y vivir con comodidades hay que pagar, pero, ¿con qué moneda?, ¿con la del deterioro a ultranza y sin límites del medio ambiente? La evaluación de tecnologías es un paso interesante para identificar y analizar impactos pero, ¿y el sentimiento de la sociedad?; porque se dice que un sentimiento creciente hoy día, es que el desarrollo tecnológico tiene efectos negativos directos e indirectos sobre la naturaleza. ¿En qué medida podemos llevar conjuntamente ambas tendencias? Si por un lado el tecnólogo se aplica en el descubrimiento y análisis de impactos, que son muchos y variados, por otro, esa misma persona, cuando está en familia o viaja puede “sentir” que el medio se degrada. ¿Es posible mantener ese doble posicionamiento? Parece más lógico unir, coordinar esfuerzos, porque aquellos que plantean que todo es riesgo ambiental seguro que a veces pecan de contradicción ya que, fuera de su ámbito, utilizan tecnologías quizás más que un tecnólogo. Sugieren la posibilidad de renunciar al avance tecnológico, como si esa fuera la solución a los problemas. Países subdesarrollados, sin este desarrollo, generan una fuerte degradación medioambiental en comparación con otros países desarrollados.
Podemos abordar diferentes formas de asumir la degradación del medio, diferentes criterios con los que se puede o no estar de acuerdo, pero que demuestran unos posicionamientos económicos y políticos, que en la mayoría de los casos no son los que manifiesta el sentir social. Esto ha llevado a una tercera posibilidad: que la sociedad ejerza un dominio sobre la tecnología a través de sus opiniones para que se vigile y se limite su uso, y cumpla unas normas. Las oficinas del consumidor podrían hacer una labor constructiva en este sentido, si el ciudadano les lleva ese “sentir”, denunciando y, posteriormente, haciendo propuestas para que sean tenidas en cuenta por los organismos competentes.
Siempre habrá que contar con la percepción que los ciudadanos tengan sobre su medio ambiente. A partir de aquí se podrá entender la respuesta del grupo humano sobre el entorno que le rodea y tratar de motivarlo para que ejerza un mayor control y participación en las planificaciones económicas, de cara a ejecutar diseños viables ecológicamente, que utilicen las tecnologías de manera adecuada para la protección medioambiental. Es lo que podríamos denominar “ecodesarrollo”.
Los problemas medioambientales se han ido creando durante la historia, siendo la acción del hombre, la acción antrópica, la causante directa de los mismos. En esto parece que todos coincidimos. Pero también es cierto que el automóvil es indispensable, los desplazamientos continuos, el vestir necesario, en definitiva, eso que llamamos “bienestar”, que implica contaminación en el más amplio sentido.
Siguiendo el argumento del comentario son interesantes las opiniones de J. Demangeot al respecto. Opina que para las sociedades ricas el progreso técnico empieza a costar demasiado caro y pone el ejemplo del suroeste francés: “Aquí el cultivo del maíz rendía 50 qm/ha. pero sólo costaba 5.000 megacalorías/ha., ya que estaba adaptado a los suelos y al clima. Actualmente rinde 90 qm/ha. pero consume 15.000 megacalorías/ha. para escapar de las sujeciones naturales. Por consiguiente, para un crecimiento de cosecha del 80%, un aumento del gasto del 200%. ¡Obedecer a la naturaleza habría sido económico!”. Y comenta que “ciertas agriculturas desarrolladas consideran pues el adaptarse de nuevo a las condiciones naturales. Por ejemplo, la potente agricultura norteamericana, que después de arriesgarse en el sector semiárido del pie de las Rocosas al precio de un regadío muy costoso, empieza a replegarse sobre la banda de tierra negra más húmeda situada al este”.
Estos ejemplos de Demangeot aclaran las tendencias. ¿Hubiera ocurrido lo mismo si se pregunta a los agricultores? Devolvamos a la sociedad el poder de opinar en un tema de trascendencia futura. La contaminación se ha producido porque el hombre ha traspasado los límites. Las sociedades se han ido adaptando al medio para subsistir, pero sabiendo que era su generador de vida, han tratado de conservarlo. La tecnología es un avance de la humanidad y como tal avance debe aplicarse a la defensa del medio, pero si convertimos un espacio natural en zona residencial, esto es una decisión política o económica, que viene a ser lo mismo. Hecho esto, después, para que se vea que hay una política medioambiental, se hacen unos cuantos “espacios verdes” y se lleva a los niños a que planten un árbol. ¡Qué pena! Si mostrásemos a esos niños fotografías aéreas verticales (pares estereoscópicos), quizás entenderían mejor su acción cuando vieran cómo era “antes” ese lugar.
Se está popularizando mucho el término “medio ambiente”, quizás por la preocupación real de los ciudadanos y la toma de conciencia por la degradación en que se encuentran extensas áreas de la tierra o espacios cercanos a su pueblo o a su ciudad, y también por las amenazas que se ciernen sobre la salud humana.
Actualmente se está potenciando la educación medioambiental en el ámbito educativo. Los objetivos que se proponen, muy loables, son poco realistas. Mostremos a los jóvenes su entorno, que lo perciban día a día. Así podrán elegir un lugar “ideal” para vivir. Recuerdo, llegados a este punto, que en una ocasión, pregunté a mis alumnos que describieran cómo sería ese lugar “ideal”. La gran mayoría contestó que el campo, ya que el concepto ciudad lo ligaban al concepto contaminación. La respuesta tenía una cierta lógica: ellos vivían en una comarca de campo. Esto reafirma el hecho de la percepción que se tenga de nuestro entorno, un entorno que, aparte criterios y opiniones, todas respetables, hay que proteger desde un compromiso individual y directo, sin pesimismos. Porque siendo como son los hombres, sería ya un buen resultado el conseguir estabilizar los medios naturales en su estado y proteger ecosistemas en algunas reservas integrales, pero debe temerse, por otro lado, que estos medios naturales sean progresivamente reemplazados por nuevos medios artificialmente naturales o parques de recreo, aludiendo a otro término actualmente en boga, el de “desarrollo sostenible”. La respuesta está en la sociedad, pero desde mi punto de vista lo más importante es concienciar a los jóvenes, porque tienen mucho que decir sobre el medio ambiente y su futuro. |