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 COLABORADOR: JAVIER VALERA
 25/01/2006
 ¿Las humanidades en peligro?
Nos preguntamos muy frecuentemente si la nueva era que Castells llama Galaxia Internet terminará con los libros o los convertirá en obsoletos, acabará con los escritores y con los creadores. Un recorrido histórico nos demuestra que lo nuevo no “acabó” con lo anterior. La escritura no acabó con la memoria, la imprenta con las imágenes de las fachadas de las catedrales, ni la televisión con la letra impresa. Los grandes pilares de las Humanidades como la Historia, las lenguas y la Filosofía, que sustentan la base del saber humanístico, ¿están abiertos a la innovación tecnológica? McLuhan no hubiese imaginado el volumen de información que circula hoy en el mundo, el potencial que tiene Internet en la transmisión de datos y los nuevos sistemas de telefonía y redes. Pero aun siendo esto una realidad, asistimos a lo que un autor llama “sociedad de la abundancia de medios y carencia de fines”. ¿Por qué no analizar si estos pilares pueden aprovechar la abundancia de medios tecnológicos? Se dice que vivimos en un mundo donde todo es virtual, las transacciones económicas, los libros en Internet y la visita a museos virtuales. Hablar de virtualidad hoy, teniendo en cuenta su acepción de “fuerza” y de “virtud” en su base latina, es reducir su significado a lo meramente tecnológico. La polémica del peligro de las Humanidades frente al desarrollo tecnológico está presente en el mundo, un mundo que corre el peligro de la deshumanización. ¿Pueden los medios virtuales deshumanizarlo y convertir a los seres humanos en seres únicamente individuales, sin sociedad? Es indudable que el mundo digital, singularmente Internet, ha ido creciendo por encima de los demás entornos y puede hacerlos peligrar. Estoy convencido de que si queremos socializar unas nuevas perspectivas de trabajo en el tercer entorno (mundo digital), tenemos que ser coherentes primero en los otros dos (el mundo real –primer entorno- y el municipio –segundo entorno), porque esos entornos aún necesitan ser democratizados y humanizados. ¿Humanizar el tercer entorno? Sí, pero humanizando antes el primero y el segundo; no vaya a ocurrir que seamos solidarios con un ciudadano de una “telecalle” y no con uno de mi pueblo o de mi ciudad. Por ello, siempre insistiré en los componentes éticos, porque el fomento de los valores en la persona siempre repercutirá en sus actuaciones en cualquiera de los tres entornos. Internet es hoy la expresión más desarrollada del tercer entorno y ofrece diferencias significativas con otras tecnologías como el teléfono, la radio, la televisión, el dinero electrónico y las redes telemáticas. Internet es, como apuntan algunos filósofos españoles, un nuevo medio con una gran cantidad de posibilidades mediáticas. Un medio por el que existe tal admiración que está llegando en algunos casos a una veneración que puede derivar en mitificación. Vivimos en un mundo en el que las Humanidades pierden peso en los programas educativos y en la propia sociedad, quizás porque nuestro mundo haya llegado a ser tecnológico. Todo lo podemos encontrar en la red de redes, hasta los libros, los apuntes de Historia o de Platón, sin embargo es muy cierto que los ordenadores e Internet son incapaces de satisfacernos intelectualmente. ¿No estaremos ante un espejo de la realidad en el que se mueven imágenes “virtuales” que nosotros creemos “reales? El filósofo Víctor Gómez Pin alerta a los náufragos que creen navegar por Internet. Su obra, Los ojos del murciélago, nos habla de que la realidad impone el simulacro de los falsos espejos, de aquellas imágenes que eran sombras en la caverna platónica, “vidas en la caverna global”, como se subtitula la obra. Lo bidimensional (la pantalla) se opone a lo tridimensional (la realidad) y llega a confundir. Lo importante no es que exista lo bidimensional, sino que sustituya a lo tridimensional, es decir que un pasaje de un libro leído en la pantalla de un ordenador, nunca reemplace el placer de leerlo, pasando sus páginas físicamente; que una visita virtual a un museo no reemplace al disfrute de la contemplación estética de la obra en su dimensión real. Lo virtual no es lo real, la imagen no es la realidad. ¿En dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos, acompañados o adelantados por las nuevas tecnologías? Cipriano Algor, protagonista del ensayo-novela de José Saramago, La caverna, no entiende como unos robots pueden sustituir a sus manos de artesano alfarero, dando la sensación de que aquello que ya no tiene uso en la sociedad actual –para Saramago, el “Centro”, se tira. Hay un momento en que Cipriano, una vez que reside en el Centro -ese nuevo paradigma actual- llega a preguntarse, “cómo es posible que se haya dejado encerrar durante tres semanas sin ver el sol y las estrellas”. Esta percepción de Cipriano puede llevarnos a plantear si las Humanidades no sirven y sólo lo que está tocado por la tecnología recibe los honores de ser “lo válido” para la sociedad. ¿Es el “Centro” la representación de las Nuevas Tecnologías que nos embaucan, y el “campo” de donde procede Cipriano, el “campo de las Humanidades en la era actual? Las Humanidades tienen futuro y deben de ocupan el lugar que ocuparon en otros momentos de la historia, pero no debemos tener temores hacia las nuevas tecnologías, al contrario, debemos apoyarnos en ellas, en lo que nos aportan positivamente, porque estoy seguro de que no podrán “acabar” nunca con las Humanidades. Este artículo es un resumen adaptado de la Conferencia pronunciada por el autor, titulada “Nuevas Tecnologías aplicadas a las Humanidades”, pronunciada el 20 de enero en el Archivo General de Murcia, dentro del ciclo de Conferencias titulado ¿Tienen futuro las Humanidades?

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Tomo 2183. Libro 0. Folio 1. Hoja MU-50416. Inscripción primera.