Certificación de campos de césped artificial: deporte más seguro

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Los campos de césped artificial son una de las instalaciones deportivas más comúnmente utilizadas a nivel mundial. Deportes tan populares como el fútbol, el rugby o el hockey son practicados a menudo sobre estas superficies, en este último caso prácticamente de manera exclusiva. Los sistemas de césped artificial ofrecen considerables ventajas respecto a otras instalaciones homólogas de césped natural, ya que los primeros son mucho más resistentes al uso frecuente y a las inclemencias del tiempo que los segundos.

Este tipo de instalaciones, que pueden estar gestionadas indistintamente desde el ámbito público o desde el ámbito privado, contribuye de manera muy significativa al desarrollo de los diferentes deportes anteriormente mencionados, causando además un impacto muy positivo en la sociedad. Y es que los campos de césped artificial no sólo son un recurso útil para la práctica deportiva tanto a nivel profesional como amateur, sino que además tienen un gran valor a nivel educativo, contribuyendo al desarrollo integral de los jóvenes, a la transformación de los entornos en los que se ubican y a la dinamización de la población en general.

Para promover el deporte de una manera segura y satisfactoria, debe garantizarse permanentemente que las superficies de juego reúnen las condiciones adecuadas de confort y seguridad para todos los usuarios. Por ello, el mantenimiento y la certificación de los campos de césped artificial son unas de las labores más sensibles y determinantes en el sector del deporte. Sin embargo, y a pesar de que este tipo de instalaciones lleva muchos años presente en nuestros alrededores, estas tareas se descuidan mucho más frecuentemente de lo que sería deseable. Esto perjudica gravemente a la práctica del deporte y contribuye, además, al deterioro prematuro de las superficies de juego y al acortamiento de su vida útil, suponiendo un derroche económico importante que podría evitarse con un mantenimiento adecuado. Por lo tanto, el control y mantenimiento de este tipo de instalaciones debe de recibir la atención que merece por parte de los organismos directos y administraciones públicas encargadas de su gestión, garantizado un buen estado y la seguridad de los deportistas que practican deporte en estas superficies.

Una de las certificaciones que regula y evalúa las propiedades mecánicas de las superficies de césped artificial, es la norma UNE-EN 15330-1: 2014, la cual recoge diferentes pruebas in-situ que simulan el contacto del jugador con la superficie, concretamente la absorción de impactos, la deformación vertical, la resistencia rotacional, rodadura vertical y bote vertical del balón. Dicha norma ampara todos los campos de fútbol, rugby y hockey, además de otras superficies de césped artificial como pueden ser las pistas de tenis o campos de uso mixto. Además de la anterior norma, existe otro tipo de certificación que emite cada federación internacional de las diferentes modalidades deportivas (FIFA, World Rugby, FIH) en la cual expresa su propia normativa para regular sus respectivas superficies. Por lo tanto, contar con una evaluación de esta tipología bajo una normativa establecida, supone aumentar la seguridad de los deportistas que practican la modalidad deportiva y garantiza la calidad del servicio.

¿Qué realizar tras la construcción de un campo o cambio de césped artificial?

Tras el proceso de finalización de la construcción o remodelación del campo de césped artificial, primeramente, deber ser sometido a unas pruebas de funcionalidad y seguridad que acrediten que la superficie ha sido instalada de manera correcta y que ésta se encuentra en perfectas condiciones para su uso. Como hemos dicho anteriormente, dichas pruebas pueden realizarse bajo los dos tipos de regulaciones que existen para la evaluación de las superficies de césped artificial, como es la normativa europea UNE-EN 15330-1 y la normativa de la correspondiente federación internacional (FIFA, World Rugby, FIH)

Una vez acreditado su estado en base a alguna de esas regulaciones, por lo general, una superficie deportiva de estas características mantendrá una alta calidad durante sus primeros meses de uso. En función del tipo de superficie instalada, de las horas de uso, de los agentes climatológicos externos y de otros factores, las propiedades del campo de fútbol de césped artificial comenzarán a mermar de manera considerable una vez transcurridos esos primeros meses de vida. Una vez llegados a este punto, si no se llevan a cabo unas labores de control y mantenimiento adecuadas, la superficie estará expuesta a sufrir un desgaste prematuro que condicionará negativamente su uso y acortará de manera significativa su vida útil.

¿Qué tipo de control y mantenimiento se debe realizar en estas superficies?

El desgaste prematuro de una superficie de césped artificial debido a la falta de mantenimiento viene determinado por una serie de circunstancias conocidas, todas ellas con soluciones directas y concretas. En primer lugar, el aplastamiento de la fibra. Aunque las fibras de última generación cuentan con una gran capacidad de resiliencia, éstas deben ser sometidas a un cepillado quincenal para evitar que esa capacidad disminuya o incluso desaparezca. La acción del cepillado, además de contribuir al levantamiento y conservación de la fibra, también contribuye a una distribución homogénea del relleno que a su vez sirve de punto de apoyo para la fibra, por lo que el efecto beneficioso de esta acción se multiplica. Junto a esta tarea, la retirada de objetos extraños de la superficie y la incorporación puntual de caucho en los puntos del campo más delicados constituyen las tareas básicas de mantenimiento rutinario que debe ser llevado a cabo de forma rutinaria por el titular de la instalación. Los recursos necesarios para realizar estas tareas son mínimos y su coste es muy económico.

En segundo lugar, encontramos problemas específicos como la separación de las juntas de unión del césped, la falta generalizada de caucho, la compactación de los distintos elementos que componen la superficie o la suciedad profunda del campo. Estos problemas deben ser prevenidos o corregidos de forma semestral o anual con mano de obra y maquinaria específica que lleven a cabo tareas de reparación de juntas, renovación y redistribución del relleno, descompactación del terreno o limpieza en profundidad de los componentes. La incorporación de estas actividades a la rutina de explotación de un campo de césped artificial garantizará que éste se encuentre siempre en buenas condiciones y contribuirá, además, a su conservación a lo largo de los años, alargando su vida útil y permitiendo rentabilizar así la inversión inicial.

Además de las tareas descritas anteriormente, todas ellas relacionadas con labores de mantenimiento, existe otra tarea extremadamente importante que debería ser llevada a cabo de forma anual pero que, en la mayoría de los casos, se omite o pasa desapercibida: el control del campo. Generalmente, los organismos gestores responsables de estas instalaciones acostumbran a evaluar el estado del campo y los efectos de las labores de mantenimiento con una mera y simple inspección visual. Sin embargo, este método no es eficaz para detectar la mayoría de los problemas que puede presentar un sistema de césped artificial como son la dureza excesiva, la falta de relleno o la compactación de los materiales, entre otros. Además, mediante la inspección visual tampoco es posible conocer cómo influye el estado actual de un campo en el desarrollo del juego. Para poder conocer estos y otros aspectos, es necesario llevar a cabo las pruebas de control de la superficie por la normativa establecida, que deben ser realizadas de forma periódica.

De esta manera, se podrá conocer de forma objetiva el efecto de un mantenimiento específico y valorar con mayor exactitud la necesidad de realizar unas determinadas tareas de mantenimiento u otras, lo que llevará a una mayor efectividad de estas acciones y, por tanto, a un mayor rendimiento y duración del campo. De forma general, es conveniente realizar estas pruebas al menos dos veces a lo largo de la temporada: una al comienzo, para conocer el estado de la superficie y poder programar de forma responsable las tareas de mantenimiento oportunas, y otra tras la finalización de las acciones de mantenimiento específicas, para confirmar el éxito de las mismas y detectar las posibles desviaciones que deban ser corregidas.

Estas pruebas de control deberían estar incluidas en cualquier presupuesto de mantenimiento pues, sin ellas, lo único que se podrá garantizar es que el campo se mantiene visualmente agradable, pero nunca se podrá saber con seguridad si la superficie realmente mantiene unas propiedades que garanticen su funcionalidad deportiva.

¿Quién realiza todo este tipo de servicios?

Desde la Universidad de Castilla-La Mancha, concretamente de la spin-off, IGOID-SPORTEC, la cual cuenta con la acreditación de ENAC, World Rugby y FIFA para la realización de ensayos in-situ, ofrece un exhaustivo programa de evaluación, control y mantenimiento de las superficies de césped artificial, en la que se engloba un plan de mantenimiento general con las tareas rutinarias que debe desarrollar el titular, realización de las acciones de mantenimiento específico necesarias y evaluación de las propiedades mecánicas para asegurar, con datos objetivos y certificados de calidad, que el campo mantiene las condiciones de seguridad y funcionalidad requeridas. Todo ello, ajustado a las necesidades que las Administraciones, Clubes y entidades demandan.

Para más información: https://www.noticieromarmenor.com/igoid_dossier.pdf

Fuente: Igoid Sportec

 

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