VINESTESIA. Ver sonidos, saborear tactos, sentir colores

Gastronomía
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¿A qué sabe la música? ¿Cómo suena un vino? ¿Nos hemos preguntado alguna vez qué es la sinestesia? La sinestesia es una capacidad que permite activar un sentido en relación a otro. También es una figura retórica que significa lo mismo, intercambiar un sentido en relación a otro. Nos permite ver sonidos, saborear tactos o sentir colores.

La palabra Vinestesia surge a partir de vino y sinestesia. Esta fue la definición que el sommelier Andrés Gómez, de Torre Pacheco, empleó para describirnos este proyecto tan innovador. En la anacrusa de esta cata tuvimos la oportunidad de escuchar en primera persona su concepción del evento:"Es un maridaje en el que artistas de diferentes estilos interpretan obras en directo mientras degustas un vino diferente en cada una de ellas. Pero no solo es un maridaje, es más: nos introducimos en la cata del vino y descubrimos toda su expresión". La idea, llevada a cabo por la empresa murciana, La Diligente Compañía de Vinos, a la que pertenece Andrés; une placeres sensoriales para percibir de un modo diferente estas dos artes. Usando como base narrativa El Diccionario de Interpretación del Vino y la Música, libro redactado por él mismo, en el que se utiliza el método de cata y de análisis organoléptico del vino, traduciendo el sentido del olfato, del gusto y del tacto para alcanzar su interpretación sonora.

Tomamos asiento. La obertura comienza con Pazo Barrantes, un albariño con aromas a lima y flores blancas; nos hace salivar con su punzante acidez y con una mineralidad característica del clima Atlántico. Junto a la percusión de las notas iniciales de Orinoco Flow, de Enya, nos transportamos a un paisaje idílico como puede ser el nacimiento de un río, la fría ternura o una vibrante ligereza.

Tras abrir un puente que separa una composición de otra, cambiamos de escenario: Impromptu Rosé, un vino que visualmente parece ligero,  pero está cargado de alma. La variedad con la que se elabora, la Pinot Noir, es una uva con fina piel, pálida y suave, que en boca tiene mucha carga floral y frutal. La canción Feeling Good (Leslie Bricusse y Anthony Newley)  por eso, es el reflejo de esta misma, parece una melodía sutil y a la vez cantada desde el soul, desde esa misma alma y, por lo tanto, rasgada y profunda. Ambos, vino y canción, están llenos de sentimiento.

Después de esta intensa y liviana unión seguimos con Capellanía 2013. Este vino blanco, con D.O. Rioja, tiene cuerpo y estructura portentosa, lo que caracteriza a los tintos de esta región. El pasar dieciséis meses en barrica nueva de roble francés le aporta notas especiadas y la vendimia tardía hace que su aroma recuerde a las frutas cítricas, en concreto la naranja madura y el limón escarchado; un vino fragante, lleno y seductor. Un maridaje perfecto al ser representado con la habanera de Carmen, del compositor Georges Bizet, un canto exótico con una actitud burlona hacia el amor y la pasión.

Nos aproximamos al cierre con Vintage 2014 de Ximenex Spínola. Es dulzura, es jazmín, flor de romero, es melaza, y todas estas notas se las aporta los veintiún días de asoleo. Hace que la uva se presente como pura fruta en compota. Es tan delicado que la melodía Think of me, conocida obra del Fantasma de la Ópera, es la declaración inocente de amor que las une y complementa.

Y, por último, el vino tinto de la velada lo presenta la canción del grupo de rock AC/DC, High Way to Hell,  cantada por la soprano Rocío Montesoro, donde solea unas notas agudas que emanan esos aromas con carácter silvestre de zarzas y bayas. Traducido a una finura y elegancia potente. Dalmau, envejecido diecinueve meses en barrica nueva de roble francés de Allier, es un vino robusto que encaja con esta canción por su intensidad.

Con el colofón del concierto despertamos la curiosidad del olfato, la agilidad de nuestra vista, la calidez del tacto y el placer del gusto. La armonía ha sido cómplice y compañera de nuestro placer anclada en nuestro oído. Tanto estímulo ha despertado mis sentidos. La sinestesia vivida y vívida me ha enseñado a escuchar el vino, a saborear la música de forma impensable de cualquier otro modo. Es una sensación única y altamente recomendable al paladar y al oído.

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