Las guerras que se cruzaron en el cielo del Teniente Galindo

Los Alcázares
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El aviador Miguel Galindo Saura fue "uno de los muchos supervivientes de la Guerra 'incivil', que en el epílogo de su vida quiso dejar constancia de lo absurdo de estos enfrentamientos". Así lo recuerda su hijo Jesús Galindo, quien reavivó la memoria de su padre en una conferencia ofrecida en el Ayuntamiento de Los Alcázares, organizada por la Asociación Los Alcázares EcoCultural con motivo del centenario de la base de hidroaviones que en el municipio se celebra durante todo el año 2015.

Un aviador de raza, de los que en los años embrionarios de la aviación española le echó arrestos en el cielo, pero también en tierra, ya que se mantuvo fiel a la República y, precisamente por su coherencia, pagó con la prisión y el exilio. Sucesivos enfrentamientos se le cruzaron en el camino de su vida. Nació en Torre Pacheco, en 23 de febrero de 1916, vivió una vida de novela y murió en Los Alcázares el 14 de abril de 1997, ya como coronel del Ejército español.

Voló en las máquinas más veloces de la época. Los Hispano, Breguet, el biplano Caudrón, Havro, Coolhoven, el francés Nieuport y al frente de una cuadrilla de chatos, aquellos Polikarpov soviéticos que cruzaron los cielos de la España en guerra. Quedan algunos testimonios escritos de su vida y sus hazañas, como el libro de Isidro Jesús Martínez, 'El teniente Galindo', además de algunas ediciones sobre los aviones del siglo XX en inglés.

Todo comenzó en Torre Pacheco, donde nació el que sería piloto de caza en dos de la principales contiendas del siglo XX. Con 18 años, en 1934, ingresó como voluntario en la Base Aérea de Cuatro Vientos, en Madrid, para hacer un curso de ametrallador bombardero, pero cayó enfermo y tuvo que ser ingresado en el hospital de Carabanchel. En 1935 se reincorporó al aeródromo Burguete de Los Alcázares, donde aprobó el curso de gases y se reenganchó como militar profesional. El alzamiento nacional le sobrevino, por tanto en tierra murciana. En agosto de 1936 aprobó al fin el curso de ametrallador bombardero en la base de San Javier y ascendió a cabo. Le esperaban ya las primeras acciones de guerra, en las que participó como ametrallador bombardero en el frente de Granada, en Guadix, tras las cuales, en octubre de 1936 fue ascendido a sargento.

El otoño de 1936 pondría rumbo a Francia para realizar el curso de piloto militar en la Escuela de Henriot, donde logra el título en 1937 con la última promoción, ya que el Gobierno galo decidió suspender la instrucción a pilotos españoles para no tomar parte en la Guerra Civil ya declarada en España.

En mayo de 1937, Galindo se reincorpora a la base de La Ribera, donde obtiene el título de piloto militar de aeroplano con solo 21 años. Ya como piloto de caza se incorpora en Alcalá de Henares a las acciones de guerra en el frente de Madrid, cuyas escaramuzas en el aire queda recogidas en el libro 'Los cazas soviéticos en la Guerra Aerea de España 1936/39", editado por el Ministerio de Defensa.

Le esperaba el frente del Norte, con todos sus peligros, aunque la determinación y el valor de aquellos pilotos heróicos no les permitía flaquear a la hora de cumplir órdenes. Despegó de Madrid rumbo a Santander con una cuadrilla de 10 chatos, como se conocía a aquellos Polikarpov de morro corto. Las dificultades de la coordinación en el aire se hicieron patentes, en aquellos tiempos sin la tecnología actual, de modo que se extraviaron cuatro aviones que no llegaron al frente del Norte.

Voló como jefe de patrulla en Asturias durante las acciones de guerra y se enfrentó a los cazas alemanes desde los rudimentarios Polikarpov soviéticos, que aunque destacaron por su maniobrabilidad, sufrieron la patente superioridad nazi en el aire. "Era como David contra Goliat", cuenta el hijo del aviador. Ya como teniente y al frente de una escuadrilla de chatos (él volaba con el chato CC-028),ametralla a una columna italiana que avanza hacia la capital cántabra, aunque su avión resulta alcanzado y, al caer sobre la espesura del bosque, se destroza por completo. "El frente del Norte fue caótico, el inicio del fin de la fuerza aérea de la República", recuerda Jesús Galindo.

Galindo quedó herido y sin sentido. Cuando las tropas italianas lo hicieron prisionero, estuvo a punto de morir a manos de un militar fascista, que tardó unos segundos en cambiar la pistola por el cuchillo con el que había decidido darle muerte, tiempo suficiente para que otro militar se interpusiera en su propósito y ordenara llevarlo como prisionero. Fue una de las veces que Galindo salvó la vida ya 'in extremis'. Tras varios interrogatorios, le curaron las heridas en Burgos. Mientras tanto, la Fuerza Aérea de la República lo dio por muerto. Junto con el acta de defunción, los padres de Galindo comenzaron a recibir una pensión por su fallecimiento. "Le llevaron luto durante seis meses", cuenta Jesús Galindo.

La historia sin embargo aún iba a continuar para el heróico piloto. En enero de 1938, informan desde Cruz Roja Internacional que Galindo se encuentra sano y salvo en la prisión de Burgos. "Enseguida reclamaron la pasión abonada a sus padres", asegura el hijo del aviador. Pasó también por la cárcel de Salamanca, junto a otros pilotos de la República, hasta enero de 1939, cuando es canjeado en Hendaya por el piloto Franco Julio Salvador Díaz Benjumea, que después sería director de la Academia General del Aire de San Javier y ministro de Franco. Benjumea protagonizó un emotivo encuentro con Galindo en la base de San Javier, donde en privado le recordó el intercambio y le dio un abrazo. "No había enemigos entre los pilotos. Solo eran adversarios", relata su hijo.

Participó aún en algunas acciones de guerra en la campaña de Cataluña. Ya en febrero de 1939 se exilió a Francia. Cruzó a pie la frontera hasta Colliure, donde se refugió una noche a dormir en el cementerio. Al despertar se dio cuenta, con asombro, de que había dormido junto a la tumba de Antonio Machado, que había fallecido tan solo tres días antes, el 22 de febrero de 1939, tras las penalidades de un viaje de huída desde España junto con otros miles de españoles hacia el exilio.

Galindo tuvo mejor suerte que el poeta sevillano, ya que sobrevivió a las bajas temperaturas y a los riesgos de la fuga. "Una anciana lo despertó en el helado cementerio y le dio un tazón de leche caliente con sopas. Seguramente lo había visto refugiarse allí la noche anterior y pensó en prestarle ayuda", cuenta el hijo del militar.

En Francia fue acantonado en el campo de refugiados de Gurs y después en el de Savenay, bajo el mando inglés (185º Compañía. Royal Engineers) en un entorno ya sumergido en la Segunda Guerra Mundial. Movilizado por la Defensa Nacional Francesa, pero bajo el mando británico, para acciones de apoyo del Ejército inglés en Francia. En Dunkerque le proponen alistarse a la RAF, la Fuerza Aérea Inglesa, aunque decide, junto a otros pilotos españoles, no participar por si España intervenía en la contienda mundial, "para no tener que guerrear contra su propio país", afirma su hijo, a quien el propio Galindo relató la mayoría de los episodios de su vida. Galindo no llegó a embarcar en la famosa Operación Dinamo, que permitió rescatar a miles de soldados ingleses, franceses y belgas en 1940.

Finalmente, cae prisionero de los alemanes en Dunkerque. Lo trasladan en un tren con destino a Mauthausen, donde funcionaba uno de los campos de concentración nazis que recibieron a prisioneros españoles, una de los siniestras cárceles de la muerte alemanas. "Si hubiera llegado a su destino, seguramente hubiera sido su fin, pero, sin saber por qué, a mitad de camino desengancharon el vagón donde él viajaba y lo llevaron a la frontera española para entregarlo a las autoridades franquistas. Fue otra de las ocasiones en las que salvó su vida", relata su hijo.

Su destino era el campo de concentración de Mirada de Ebro y después el del Campo de Gibraltar. Tuvo ocasión de nuevo de probar su suerte, ya que comenzó a dar clases de inglés a los hijos del jefe del campo, lo cual le sirvió para librarse de los juicios sumarísimos que se practicaban en la época. "Fue pasando el tiempo y logró un permiso para acudir a Los Alcázares, donde trabajó en el cine, proyectando películas mientras esperaba su juicio". En 1942 se emitió el auto de procesamiento donde se propone la condena "por auxilio a la rebelión", a pesar de que eran los otros los que se habían rebelado, ya que Galindo solo actuó como parte del Gobierno legalmente establecido. Finalmente se le impuso pena de prisión atenuada en su domicilio de Los Alcázares. En 1946, que había participado en el vuelo Los Alcázares-Nueva York con Ramón Franco, le concedió el indulto y, en mayo de 1957, la libertad definitiva. En 1959 se le cancelaron todos los antecedentes penales.

En 1986, con la llegada de la democracia, se le reconoce el empleo de Capitán que, posteriormente revisado, se convierte en Coronel en 1989. "No creo encontrarme en el grupo de los resentidos", dijo a sus hijos. "Nunca tuvo rencor. Se sintió siempre militar", asegura Jesús Galindo.

El aviador de Torre Pacheco será uno de los destinatarios de los homenajes que se celebrarán durante el año 2015 en Los Alcázares con motivo del centenario de la creación de la primera base de hidroaviones de España y del primer vuelo de un hidroavión militar.

 

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